Nació de un encargo del Papa Calixto en el siglo III, cuando todavía no estaba muy propagado el cristianismo. Varias partes del edificio se construyeron con mármol, y aún conserva un aire medieval, como indica su campanario románico.
Es la primera iglesia de Roma que se dedicó a la Virgen María, y la más antigua basílica de la ciudad. La tradición popular indica que es aquí donde se celebró la primera misa católica en la ciudad. Su aspecto actual corresponde a la renovación que sufrió la edificación original, entre 1130 y 1143.
Durante sus varias restauraciones, se emplearon restos de diversas ruinas y tumbas de la antigua Roma, como inscripciones funerarias y algunas columnas que provienen de las termas de Caracalla.
Destaca sobremanera su magnífica fachada, donde resaltan tanto su mosaico de influencia bizantina en su frontón, como sus pintadas paredes, ya bastante deterioradas. Cuenta con un pórtico con cinco arcos de entrada al templo.
En el interior encontramos grandes mosaicos que revisten el arco del fondo, además de los recuadros de mosaicos con la vida de María, obra de Cavallini. También hay que mencionar su llamativo techo estucado de madera, diferentes pinturas de valor, además de varias capillas con tumbas y retablos de gran belleza.