

Es una tierra ya romanizada hace dos milenios, y que siempre ha sido disputada por distintos gobernantes. Cruce de caminos, etnias y religiones, ha sufrido diversas destrucciones, pese a lo cual conserva bellos monumentos y una interesante cultura tradicional.
Tanto en el entorno alsaciano como e la Selva Negra, el paisaje presenta frecuentemente cimas coronadas por viejas y derruidas fortalezas, hermosas edificaciones de entramados de madera (a colombage) y un amor por la belleza y los rincones floridos.
La burguesía que habitó antaño estas ciudades dejó innumerables edificaciones de notable vigor y gusto; las instituciones religiosas y corporaciones políticas dejaron monumentos e iglesias de interés, y en los museos se guardan hermosas piezas, salvadas de un pasado muchas veces duro, sobre el que sobrevuelan las distintas dominaciones y destrucciones.
Junto a todo esto, se conservan vestidos tradicionales, fiestas (carnaval en Alemania sudoeste) y una gastronomía rica y sencilla de antiguos sabores caseros.
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