
El siglo XIX se inició, pues, en medio de una vorágine política que acabará relegando en poco tiempo a Salzburgo a un ámbito provinciano.
Desprovisto del poder tradicional de referencia, la corte eclesiástica; cerrada la universidad; apagado el brillo económico, Salzburgo se transformó en una ciudad provinciana decadente, y en las plazas amplias diseñadas en el final del XVI creció la malahierba.
Viajeros y pintores románticos dejaron constancia de aquella urbe decadente, con poco más de 10.000 habitantes, recluida dentro de un recinto de murallas que pervivió hasta el final del siglo XIX.
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