Hoy, pasear por Salzburgo es encontrar su vocación y su historia.
El mejor mirador, a 120 metros de altura sobre el entramado urbano, es la fortaleza de Hohensalzburgo, la sólida y alargada construcción, dominadora, que representa el dominio civil de los príncipes-arzobispos.

Pero para comprender a Salzburgo en su totalidad, es mejor mirador el campanario de la iglesia de Mülln, obra tardogótica que se ubica al este de la ciudad, cercana al río Salzach. Desde allí se divisa la ciudad como un todo.
A la izquierda aparece el entorno del palacio de Mirabell con sus jardines; en el centro, el Salzach, de corriente azulada y vigorosa, describe una ese abrazando el lado occidental de la ciudad. En medio de ella emergen filigranas barrocas de la catedral y las grandes iglesias. Y arriba, coronando el roquedo, aparece el castillo de Hohensalzburgo, dominador.
Iglesias y castillo integran una escenografía blanca y poderosa que resalta en el paisaje de tonos verdes y azules. Pese a la disparidad de tonos hay armonía. Por suerte, ni un edificio moderno ha arruinado esta sinfonía de belleza.
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