Es, sin duda, el segundo gran monumento santiagueño. Se trata de un centro religioso fundado en el siglo X, perteneciente entonces a los benedictinos.

La poderosa puerta de San Martín Pinario, frente a la antigua plaza de Azabachería. Foto guiarte
Si
San Martín Pinario no estuviera en el entorno inmediato de la catedral, sino en la campiña gallega, allá por Palas o Puerto Marín, sería uno de los monumentos más célebres de Galicia. Sin embargo, la proximidad geográfica al templo del apóstol Santiago empequeñece su presencia.

Portada de la iglesia de San Martín Pinario
El templo actual procede básicamente del XV en adelante, y es un fruto del acuerdo de refundación de las tres organizaciones benedictinas de la ciudad.
Si se accede desde la plaza de la Azabachería, destaca el
frontispicio, de poderosas columnas elevadas sobre una escalera redondeada y que se remata en lo alto con un sólido trabajo de Casas y Novoa. Dentro, se accede en primer lugar al monumental patio o
claustro de la Portería, del XVII y terminado por Casas y Novoa, articulado sobre la base de una serie de poderosas columnas dobles, y una fuente airosa.
Al fondo del claustro y a la izquierda aparece una escalera de final del XVII, adornada con una estatuaria que recuerda modelos precolombinos, algo que se observa en algún otro punto de la ciudad, tal vez debido a influjo de monjes que anduvieron por las dos orillas del Atlántico.
El edificio tiene más dependencias y patios, pero sobresale su
iglesia. A ella se accede desde la Plaza de San Martín. Es un templo de finales del XVI, del portugués Mateo López, con un frontispicio clásico, formado por tres niveles. A esta fachada se accede por una
escalinata –otra de las interesantes escalinatas de Santiago- del siglo XVIII, que consta de un tramo de bajada y otro de subida, en una estructura oval. La escalinata es del dominico Manuel de los Mártires; única en su género, sólo comparable a modelos barrocos italianos.
El interior del templo es sencillo, y contrasta con un retablo de Casas y Novoa, que ha suscitado calificativos de todas clases, alguno, como el de Ford, calificándolo de budín sobredorado y vil churrigueresco. Es una muestra más de ese barroquismo que emana de un irracionalismo delirante. También en el interior hay que ver la sacristía y la capilla del Socorro.
|
|
|
Qué ver en Santiago de Compostela |
> > Volver a la guía de Santiago de Compostela