Pero en el taller y el estudio de nuestro artista no son los únicos ámbitos de creación de Alonso-Santocildes.
La huerta familiar; el olmo seco afectado por la grafiosis de Velilla de la Reina, “el negrillón” atento a los numerosos concejos que a cogía y marcaban el ritmo del pueblo; los troncos arrastrados por el inquieto río Órbigo; los que se consumen retorcidos ente los cierros de los prados o los viejos y extenuados frutales que se esconden tras los tapiales de las huertas, o ... todo, todo resto de materia, es suficiente provocación para nuestro creador Pues éste sabe que tales objetos no se deben dejar fosilizar bajo capas de olvido, sino que es necesario preservarlos, avivarlos y ofrendarlos.

Madera tintada por su propia exposición al sol. Un premio nacional mereció este trabajo de Santocildes
Son ruinas, ruinas vivientes. Y siguiendo nuevamente a Zambrano, “las ruinas es lo que permanece de la historia” ¿Cómo dejar que se mineralize en olvidos cenicientos “el negrillón” fundacional de Velilla de la Reina? ¿Cómo no reconocer la fuerza vital de un testigo de la historia de un pueblo y sus avatares? No en vano la cita capitular del texto “En el jardín de los guerreros“ de F. Suárez, y dedicado a una exposición realizada por Caja Duero, reza así: “Nunca la naturaleza dice una cosa y la sabiduría otra”.
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Cuentaviajes de La madera del pueblo |
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