
La ciudad conoció un inmenso esplendor en la dominación árabe, especialmente en el periodo almohade, de cuya época es el popular campanario de la catedral, la Giralda.
En el año 1248, la vieja urbe vuelve a poder cristiano, merced a la acción bélica de Fernando III el Santo. A partir de este momento, toma una posición destacada entre las ciudades preferidas por los reyes de la Corona de Castilla y de León, quienes fijan frecuentemente allí su residencia.
El descubrimiento de América hace de Sevilla una de las ciudades más importantes del mundo. Es en alguna medida la capital del Nuevo Mundo, desde donde se controla el tráfico y el comercio. De la importancia de ese periodo dan fe numerosos grandes edificios de Sevilla.
Posteriormente, la ciudad entró en una dorada mediocridad, rota por sus exposiciones universales, que han contribuido a enriquecer el patrimonio constructivo y a racionalizar la trama urbana. Tras la Exposición Universal de 1992, Sevilla se ha consolidado como una ciudad turística de primer orden, y con unas dotaciones viarias y hosteleras de altísimo nivel.
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