
La obra se inició en 1184 por Ahmed ben Baso, bajo el mandato del sultán almohade Abú Yacub Yusuf. A la muerte del sultán la obra fue reemprendida por Alí de Gomara, quien sustituyó la labor de piedra por ladrillo.
Un terremoto destrozó en 1365 la parte superior del alminar, que estaba rematado por las famosas manzanas doradas. El arreglo de esta cimera, un sencillo chapitel, perduró hasta el siglo XVI, cuando el cabildo catedralicio encargó a Hernán Ruiz el nivel superior de la torre, que añade un cuerpo de campanas y un remate renacentista que culmina con la estatua de bronce que representa a la Fe.
La escultura de la cimera es de cuatro metros, algo más de siete metros con el pedestal. Se trata de una gran veleta que gira movida por el viento. Esta cualidad de giratoria hizo que se llamara popularmente Giralda a todo el edificio, quedando el nombre de Giraldillo para la veleta.
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