
El entorno del río es también bello, con el viejo y destartalado puente romano, mal llamado romano, porque en realidad es fábrica medieval, al lado de ese otro, de inicios del XX, con aires de obra de un Eiffel hispano.
Y también resulta ameno el paseo por el entorno de la basílica del Prado, construida al perecer allá donde antaño hubo un templo a Ceres, y que hoy es un interesante álbum de la Talavera alfarera.
Pero es ese ultimo elemento, el cerámico, lo que da unidad a esta ciudad. Tiendas de cualquier clase, monumentos, fuentes, iglesias... hasta una humilde casa proletaria tiene permanentemente la referencia de la cerámica; en sus platos, en su palmatoria o en el recubrimiento de la pared de su hall de entrada. Talavera lleva con derecho propio el apellido de “la ciudad de la cerámica”.
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