Pero, ¿qué pasó de aquel campo petrolífero? Hoy en día, continúa produciendo cansinamente una pequeña cantidad de crudo que se carga directamente en camiones para su traslado a un par de empresas.
Hacia 1990, el campo ya había dado muestras de agotamiento, y el oleoducto fue suprimido. Pero avanza el siglo XXI y las máquinas extractoras, los célebres “caballitos”, siguen cabeceando sobre la losa del páramo en busca del oro negro.

Los camiones cargan al final del oleoducto, en la carretera de Burgos a Santander.. Guiarte Copyright
Al precio que se ha puesto en los últimos años, el negocio parece rentable; tanto, que la empresa explotadora ha pedido permiso para abrir tres nuevos pozos.
Las paradojas de la energía son constantes: en los años 60 y 70 del pasado siglo, la aparición de gas junto al petróleo era un incordio, un subproducto que había que quemar. Pero en este tercer milenio el gas natural vale mucho dinero, se puede utilizar en el consumo doméstico y, sobre todo, es capaz de generar electricidad. ¡Qué lástima, con la cantidad de gas que sólo ha servido para iluminar las limpias noches del páramo burgalés!
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Cuentaviajes de La Lora: Texas en Burgos |
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