
La maestra explicaba a los alumnos cómo se formaba el petróleo en las entrañas de la tierra; la telefonista del pueblo no daba abasto a poner llamadas procedentes de todo el mundo. Un día llegaron a La Lora los entonces príncipes de España, y la tradición oral, o tal vez las malas lenguas, recuerdan que doña Sofía se manchó el abrigo.

A los pocos meses hubo una reunión en Burgos para decidir el futuro del petróleo que tan abundantemente iba a brotar. Se habló de hacer una refinería en la provincia, pero el ministro quería construir un oleoducto hasta Bilbao. Vano empeño.
La realidad, tan tozuda como siempre, vino a poner las cosas en su sitio. Bastaría con tender una pequeña tubería hasta la carretera nacional de Burgos a Santander, para recoger allí en camiones el petróleo y llevarlo a quemar, porque no valía para otra cosa, a las industrias más cercanas.
Cuentaviajes de La Lora: Texas en Burgos |
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