Al estar prácticamente rodeada por el Tajo, los puentes son una forma de acceso necesaria; de ellos, el de Alcántara (el puente, en árabe) es el primero que tuvo la ciudad y, entre las puertas, la de Bisagra, que da entrada a Toledo cuando se llega de Madrid, es un ejemplo permanente de controversia acerca del origen del nombre.
Que nadie busque una bisagra por ningún lado, no la encontrará. Tampoco el nombre está puesto para despistar. La verdad es que hay varias teorías sobre este curioso nombre; lo más probable es que proceda del término árabe Bib, que significa puerta, y Sagra, que es el nombre de la comarca a la que da acceso, es decir, la puerta de la Sagra. Sencillo, ¿no?

Naturalmente, otro de los temas preferidos de la visita tiene nombre propio, Domenico Theotocopulos, alias El Greco, pintor que se vio seducido por la luz de Toledo, al igual que otros, y que dejó en la ciudad su obra cumbre, El entierro del Conde de Orgaz, en la iglesia de Santo Tomé.
El cuadro, que es de obligada visita, representa una leyenda-milagro, ocurrido, según se dice, en 1323: durante el entierro del Señor de Orgaz, como era un señor muy importante, o más bueno que el pan, o con muchas influencias, san Esteban y san Agustín bajaron del cielo para llevar el cuerpo del difunto hasta la tumba. Ése es precisamente el momento que intenta recoger la famosa tela.
Una curiosidad: el propio pintor, muy modosito él, se retrató a sí mismo siguiendo una costumbre de otros pintores; es el único que mira de frente, quizá por ello produce la impresión de que para él los visitantes son el verdadero cuadro.
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