Naturalmente, entrar en ese túnel del tiempo exige una preparación mínima, que consiste en primer lugar en creerse todo lo que se vea. En segundo lugar, es imprescindible subir a una de las colinas que la rodean y allí, con la panorámica impresionante que ofrece la ciudad rodeada por el Tajo, con la seguridad que da saber que vamos a viajar unos cuantos siglos en cuanto descendamos y nos internemos en el laberinto indescifrable de sus calles, sólo hay que admirar lo que tenemos delante.

El Convento de San Gil y el Monasterio de San Juan de los Reyes, por la izquierda, los Jesuitas y la Catedral impresionante en el centro, y el Alcázar presidiendo el conjunto, por la derecha, pueden ayudarnos a la mentalización necesaria antes de descender a esa amalgama de culturas, piedras, artes y rincones.
Verdad es que las tres culturas monoteístas –la judía, la árabe y la cristiana- han dejado una impronta más decidida, pero las tres con igual importancia.
Cuentaviajes de En Toledo, por el túnel del tiempo |
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