En la edición de la fiesta correspondiente al 2004, el concurrido mercado medieval contó con la novedad de tener su propia moneda de cambio: la dobla.

Todo el pueblo sale a la calle, vestido de bellísimos trajes antiguos, en tanto que las casas se engalanan con flores y colgaduras, porque el programa es amplio y en el mismo hay desfiles, el ajusticiamiento de un malvado villano y hasta una cena medieval en la que los comensales recordaron las costumbres de la época degustando los sabrosos asados, a la usanza primitiva... sin cubiertos.
Tomás Alvarez
Fotografías cedidas por Diario de León.
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