El primero sería UR, con el significado de "agua" y el segundo UEÑA (de ONNA), supuestamente precéltico y preibero, con el significado de "corriente de agua".

Una de las primeras menciones conocidas de la villa se encuentra en la documentación del Monasterio de Sahagún, donde aparece como ORONNA. Los topónimos prelatinos relacionados con el agua no son infrecuentes en la provincia de Valladolid y no habría más que referirse a los ríos Duero, Pisuerga o Esgueva para comprobarlo.
Por otra parte, hoy mismo, se puede comprobar que una enorme bolsa de agua se extiende por el subsuelo de Urueña con diferentes corrientes o venas que surten abundantemente a todos los pozos de la población y que, hasta hace unos años incluso, mantuvieron siempre alimentado el lavajo situado al pie del muro norte del castillo. Esta abundancia de agua, que confirmaría plenamente el sentido del topónimo, se ve ampliada o complementada con los numerosos topónimos que en el término de Urueña apuntan en la misma dirección.
Los primeros asentamientos, hoy despoblados, incluyen en su etimología el concepto de acuífero: Pozuelos, ya mencionado en el año 954, de cuya existencia quedarían hoy los nombres de los pagos "pozolico", "pozuelo mediano", etc; San Pedro y San Pablo de Cubillas (cuevillas u oquedades de donde fluía y fluye el agua), nombre de un antiguo monasterio Real cuya iglesia vendría a ser con el tiempo la actual ermita de la Anunciada, de donde partía el sendero de Valdefuentes; Marfeliz, otro despoblado situado en la parte norte del término y del que hoy sólo se conserva el topónimo y la certeza de que allí hubo una fuente.
La leyenda de que existió un asentamiento llamado Marfeliz, llega hasta nuestros días. Parece probable incluso que dicho asentamiento fuese parroquia, pues en un documento de Fundación de Mayorazgo perpetuo en favor de la Anunciada otorgado por Don Blas Pérez Minayo en el siglo XVIII, se habla de una tierra "de la iglesia de dicho Mar". El teso de Marfeliz estaba a menos de un kilómetro al norte del camino de Villagarcía y a la misma distancia de la carretera que baja al molino llamado de las cuatro rayas porque estaba en el centro de cuatro términos.
Por último, el pago denominado “la laguna del moro” nos hace sospechar que, al igual que en muchos otros lugares de la Península, el término “mor” –con el que se designa a pantanos o lugares oscuros en algunas lenguas prerrománicas- se convirtió, con el tiempo y el uso, en “moro”.
Cuentaviajes de Urueña, una sorpresa |
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