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Un foco de historia y devoción

Precisamente, uno de los tesoros más grandes con que cuenta Urueña es la imagen de la Virgen de la Anunciación, tal vez procedente de aquel Monasterio.
Los Urueñeses la veneran con cariño y los forasteros admiran ese maravilloso templo en el que está entronizada y que, como he dicho, fue monasterio Real.

Muy pocas personas, sin embargo, saben a ciencia cierta su antigüedad -hasta hace poco se habló de que era una talla del siglo XVIII- y pocas personas, asimismo, se han preocupado por estudiar y completar su historia.

La costumbre de vestir a las Vírgenes es muy antigua (ya hay documentación sobre tal hecho en el siglo XV) y parece que procede del deseo de los feligreses de adornar a las imágenes con las mejores galas, dado su cariño hacia ellas, o de la necesidad de cubrirlas porque se habían deteriorado con el tiempo o las malas condiciones de conservación. Hay que decir que esta costumbre no siempre estuvo bien vista por la Iglesia, que intuía en esa práctica el peligro de adornar a la Virgen demasiado a la moda de cada época o con prendas inadecuadas y que además deseaba firmemente que los fieles reconocieran y apreciaran el valor artístico de las imágenes.

Una buena talla de un buen escultor que hubiese plasmado con realismo un Cristo crucificado, por ejemplo, no sólo movía a devoción y a meditar sobre la Pasión y muerte de Jesús sino que permitía a cualquiera que se colocase ante la imagen mejorar su sentido estético y disfrutar con una auténtica obra de arte.

En Urueña, la costumbre de vestir a la Virgen se inicia en el siglo XVIII. Previamente, y en concreto en 1677, el obispo del Burgo de Osma Antonio de Isla, urueñés ilustre, quiso arreglar a sus expensas la iglesia del antiguo monasterio de San Pedro y San Pablo de Cubillas, para entronizar en ella la imagen de la Anunciación a la que él veneraba particularmente y que en ese momento estaba en la llamada Ermita Vieja, pequeño edificio situado a tres kilómetros de Urueña en el mismo valle donde está el llamado prado de la Villa o prado comunal.

Seguramente Antonio de Isla mandó repintar la imagen y situarla en el altar mayor del presbiterio para demostrar su cariño por aquella talla antigua. En 1684 visita Urueña para comprobar el resultado de su encargo y toda la población le rinde público homenaje. Tres décadas más tarde, y siguiendo probablemente el ejemplo de don Antonio, Luis Pérez Minayo crea un Mayorazgo perpetuo en favor del santuario de la Anunciada. Tanto él como su hermano, Blas Pérez Minayo, fallecido un año antes, contribuyeron con donaciones testamentarias a realzar la veneración hacia la imagen y fueron con toda probabilidad quienes ayudaron a costear en buena parte la construcción del camarín, que se lleva a cabo a mediados del siglo XVIII.

La devoción por la Anunciada aumenta más aún en la Villa a partir de ese momento y creo que de esta época procede la costumbre de vestir la imagen, ya que en el libro de visitas del obispo de Palencia, diócesis a la que pertenecía Urueña, que comienza en 1771 se pueden observar varias anotaciones aconsejando que "se quiten las cintas [de la imagen] que la ridiculizan" o que se evite vestirla pues se la da un aire demasiado "mundano".

     

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Comentarios al artículo
Se muestra 1 comentario


juan antonio
08/5/08
duda
como se llamo el inbentor del foco
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