
Conserva Andalucía, en general, y este territorio gaditano, en particular, un estilo de vida propicio para el goce del tiempo, que se asienta en un amor por la belleza, una afición al diálogo y un sabio deleite de los placeres, entre ellos el gastronómico.
Ese deleite por la belleza se detecta en el encalado de las casas o en el cuidado por las flores, por un simple geranio en el alfeizar de una ventana, que reluce sobre la limpia y austera pared.
Vejer está cuidado y es lindo vagar por sus calles, entrar en alguno de sus patios floridos o reparar fuerzas en alguna de sus tabernas.
Hay momentos especiales, como los carnavales, las de Primavera o la romería, en mayo, en memoria de la proclamación de la Virgen de la Oliva como patrona de Vejer.

El lugar tiene también playas, a unos ocho kilómetros del casco urbano, propicias para el baño o el surf.
En gastronomía, Toda la costa de Cádiz es excelente, con sus productos del mar: pescaditos, chopitos, calamares... Pero sobre todo merece la pena detenerse en la tradición del atún.
El atún de la almadraba siempre fue famoso, parece ser que desde época romana se pescó por aquí. Luego, tras la reconquista cristiana fue un producto que enriqueció a la familia de los Guzmán, que tenían el monopolio de explotación... y hoy el monopolio es de los japoneses, que se llevan casi toda la producción. Aún así, la cocina del atún sigue siendo buena por aquí. El pescado se trabaja de distintas formas, desde conservas (ahumado o en mojama) hasta encebollado, a la plancha...
Buena tierra para degustar sus vinos, y aún para probar los productos vegetales, incluidos sus famosos gazpachos.
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