Desde el exterior, la imagen más sorprendente de éste gran edificio es la de la concentración de torres y cúpulas. La persistente utilización del ladrillo coincide felizmente con el aire mudéjar de otras torres y edificaciones zaragozanas.
En el interior destaca la concentración de gentes ante la Virgen, en un espacio sagrado donde se funde el barroquismo de los elementos materiales con una devoción honda. La capilla de la Virgen es una orgía de derroche barroco. El magnífico templete de mármol es de Ventura Rodríguez
En el recinto hay pinturas de Bayeu y de Goya, pero tal vez la joya más apreciada artísticamente es el magnífico retablo de Damián Forment donde se funden las inspiraciones gótica y renacentista.

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