
Falleció de cáncer en 1952, con apenas 33 años, pero en su corta vida tuvo tiempo de ser actriz, primera dama de la República Argentina, desafiar a las clases altas, ganarse a los “descamisados” y poner al país boca abajo. Pero si azarosa fue su vida, su muerte lo fue aún más.
Su cadáver, insepulto cuando los militares derrocaron a Juan Domingo Perón, trajo de cabeza a dos presidentes y se convirtió en un asunto de Estado. Esta es la historia, y en ella tuvo mucho que ver un médico español, el doctor Pedro Ara, encargado del embalsamamiento y la vigilancia casi constante del cuerpo de la mujer que más huella dejó en Argentina.
Ésta es la historia de otro "cadáver viajero".
Texto: Nieves Concostrina. Documentación: Jesús Nuño. Ilustraciones recogidas de diarios de la época y elaboración de guiarte.com.
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