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Arte aborigen australiano

Ramingining: Arte aborigen australiano de la tierra Arnhem". Una bella exposición instalada en las salas del Palacio de Velázquez del Parque del Retiro.

Desde el Museum of Contemporary Art de Sydney se ha hecho una importante labor de promoción y conservación del arte aborigen australiano, conocido ahora en museos y galerías de todo el mundo. Es una labor que marca una línea a seguir por las instituciones implicadas en la defensa de los valores artísticos y etnográficos de culturas minoritarias. Una demostración de ello se puede ver ahora en Madrid.

Ramingining: Arte aborigen australiano de la tierra Arnhem", es una exposición instalada en las salas del Palacio de Velázquez del Parque del Retiro, Madrid, donde se presentan unas 150 obras de 50 artistas australianos, hasta fin de marzo.

Hace poco estuvo en el Spengler Museum, de Hannover, Alemania; ahora en el Palacio de Velázquez, de Madrid, España; mañana en algún otro prestigioso lugar. Se trata de una singular muestra que ha llamado la atención de los amantes de la belleza.

En la Tierra de Arnhem

En la costa norte australiana, 500 kilómetros al oeste de Darwin, en un territorio de pantanos, terrenos aluviales y manglares, se halla la comunidad de Raminginig, de menos de mil habitantes. Los aborígenes de aquella zona se denominan a sí mismos como los yolngu, vocablo que significa ser humano o persona.

Es ésta una geografía tropical que evoluciona entre las tormentas monzónicas de la estación de las lluvias y los días secos del estío, cuando los nativos limpian el terreno con fuego, en la que se han hallado pinturas rupestres de unos 25.000 años de antigüedad.

Desde finales del XIX, los nativos sufrieron una sangrienta persecución por parte de los granjeros y compañías que intentaron explotar la zona, problema que se acabó en 1931 cuando se dejó el territorio como reserva aborigen. Sólo en 1967 los habitantes originales de aquel territorio alcanzaron la categoría de ciudadanos de pleno derecho.

De principios del XX existen fotografías en las que se aprecian los hermosos dibujos practicados sobre madera: lagartos, peces, tortugas… Los habitantes de la Tierra de Arnhem dibujaban sobre corteza de árbol, con colores que elaboraban con mezclas de tierra, ocres, rojos, amarillos, y arcilla blanca, unidos con un adhesivo obtenido de una orquídea. El negro lo obtenía de la ceniza.

Esa tradición pictórica fue impulsada desde la década de los cincuenta y transformada en una fuente de ingresos notable para las comunidades aborígenes, profesionalizándose ya los artistas en la década siguiente

La colección

Djon Mundine empezó en los años ochenta a reunir una amplia colección de elementos artísticos de los pobladores de Raminginig para la Power Gallery de la Universidad de Sidney. Mundine ya estaba en aquella época radicado en la Tierra de Arnhem, como asesor artístico de la comunidad de Ramingining y la Power Gallery le encargó la organización de una minuciosa y amplia muestra.

En 1984 se presentó la exposición en la Gallery, transformada luego en Museum of Contemporary Art; muestra sumamente elogiada. La reacción del público hizo que el centro museístico la adquiriese en su totalidad. El propio museo amplió sucesivamente sus fondos sobre fondo nativo y encaminó su filosofía para transformarse en un punto de encuentro de culturas y renovación artística.

La colección ahora expuesta en Madrid con el título de Ramingining: Arte aborigen australiano de la Tierra de Arnhem, y comisariada por Djon Mundine, procede básicamente de dos núcleos, Ramingining y la isla Milingimbi; el primero un asentamiento de los años setenta y el segundo de los años veinte.

Djon Mundine, en el catálogo de la muestra, explica que, como originario de Nueva Gales del Sur, había sentido un profundo malestar por la “historia perdida” del territorio del sudeste de Australia, mucho antes colonizado y donde –seguramente- también existía una cultura nativa.

Ese barrido cultural ha dejado en Australia un profundo malestar. En la bienal de Sydney de 1988, el 200 aniversario de la ocupación británica, los nativos de todo el territorio boicotearon los festejos del bicentenario. Los de Ramingining y de Barunga no lo hicieron. Pero realizaron algo más elocuente: erigieron un monumento a los aborígenes, una composición escultórica con 200 ataúdes para huesos, hechos de troncos secos, en memoria a quienes perdieron la vida defendiendo su tierra desde 1788. La obra, una auténtica declaración de principios, se exhibe ahora en la National Gallery de Australia, en Camberra.  

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