
Lo que él santo varón ignoraba es que ya por entonces se hacía moneda falsa con ese cacao que circulaba como piezas de moneda acuñada: hábiles impostores vaciaban la cáscara a punta de lanceta y nadie parecía percatarse que aquel cacao-moneda estaba vano.
La generosidad de los aztecas a la hora de revelar a los recién llegados las dichas de su tierra no tenía límites, antes de la batalla de Otumba.
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