
En clave teológica y trinitaria, como deben catalogarse los momentos en que la creación del mundo se resume, se deben citar estos tres frutos desconocidos por la Biblia como principal bastimento llegado de América: la patata, el maíz y el cacao, con el colofón placentero del tabaco.
Los otros obsequios comestibles llegados de aquel continente son reiterativos y secundarios: el ají (con sus centenares de parientes desde la guindilla al pimiento verde), el jotomate (y sus decenas de primos hermanos que han variado de tamaño, textura y gusto por métodos de manipulación genética), o la coca, cuyo consumo fuera de circunstancia ha llevado a aberraciones tan notables que sería escándalo para los sabios y habilísimos conductores de llamas a través de la cordillera andina.
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