
Desde Astorga el camino empieza a subir. Es una senda secundaria del Camino de Santiago, porque la principal iba algo más al sur, por el puerto de Foncebadón.
El camino va subiendo hasta Manzanal del Puerto, entre pastizales, pinares y campos de urces. Manzanal es un lugar de La Cepeda, bella comarca que está a caballo de las vertientes del Duero y el Miño. Es un paso natural y como tal ha sido lugar duro. En la guerra de la Independencia quedó absolutamente arrasado. A la vera de la autopista queda el lugar, con sus casitas de piedra, su bella ermita y la ermita subterránea de santo Tirso, un santo milagrero.
Baja la autopista dejando al lado a La Silvay Montealegre, los últimos pueblos cepedanos. En Montealegre hubo un monasterio románico que se dejó caer en el siglo XX. Una salvajada más de la modernidad. En el pequeño pueblo perviven los miliarios de la Vía Nova romana, reutilizado uno de ellos como fuente-abrevadero.
El Bierzo comienza a partir de aquí: se suceden pueblos que han tenido vida económica activa, como Torre y Bembibre. El desnivel para bajar de la Cepeda al Bierzo es notable. Por eso esta es una zona donde el ferrocarril que iba de Madrid a La Coruña tardó varias décadas en realizarse. En esta zona aún se habla del accidente ferroviario de Torre, el más grave de la historia del ferrocarril español, ocurrido durante el franquismo y pasmosamente silenciado.
Esta es zona que tuvo animación económica durante la autarquía, básicamente por la minería. Pero la minería vino abajo y los lugares han detenido su progreso.
Bembibre ha perdurado con mayor pujanza. Entre sus atractivos está el museo del Alto Bierzo y el templo del Cristo, al que se le tiene una gran devoción en este territorio.
Más adelante está San Miguel de la Dueñas. Destaca en medio del lugar el monasterio de Nuestra Señora de la Asunción, de monjas cistercienses, cuyo origen se remonta al siglo X, aunque remozado en los siglos XVII y XVIII. No es visitable salvo la iglesia. Tiene algunos elementos románicos, entre ellos una virgen de piedra de aire marcadamente primitivista.
Poco más adelante está Ponferrada, una ciudad industriosa, capital económica del Bierzo, una comarca leonesa cuyos ríos vierten al Sil, de clima relativamente dulce y excelentes producciones agrícolas, con algo más de 50.000 habitantes.
El mayor interés de la ciudad radica en su cualidad de centro geográfico de un territorio de notable vigor artístico, paisajístico y gastronómico. En la segunda mitad del XII, desarrolló la fortaleza, originariamente un castro prerromano, ubicada en una de las colinas e hizo de Ponferrada plaza fuerte, donde recaló el un creciente flujo del peregrinaje.
Disuelto el Temple en 1312, el castillo pasa por diversos dueños: la propia corona y destacadas familias señoriales, que engrandecen el conjunto, para luego caer en el abandono.
En la Plaza de la Encina se sitúa la basílica de la Encina, donde está la imagen de la popular patrona de la comarca. La Virgen de la Encina. Es una imagen venerada por fieles del Bierzo e incluso de las comarcas vecinas. El templo es del siglo XVI, sólido, y con una buena torre, de época ligeramente posterior. La imaginería es básicamente del XVII.
En las afueras de Ponferrada está Santo Tomás de las Ollas, con una iglesia de portada románica, del XII, en la que destaca su interior, con una cabecera del entorno del X, caracterizada por su sabor mozárabe, presente en los nueve arcos de herradura. Es interesante analizar las huellas mozárabes en otros puntos como Peñalba y el Valle del Oza (Valdueza).
El valle de la Valdueza, la Tebaida Leonesa, es centro de los eremitas del noroeste desde el periodo visigótico. Allí, el monumento más importante es la iglesia mozárabe de Santiago de Peñalba. La otra alternativa está en la visita a las minas de oro romanas de Las Médulas, que han merecido la consideración de Patrimonio de la Humanidad.
Pasado Ponferrada, y a corta distancia de Cacabelos se halla el monasterio cisterciense de Santa María de Carracedo, fundado al filo del milenio, y reconstruido en tiempos de Alfonso VII. Durante los últimos años se han realizado interesantes labores para rescatar parte del conjunto ruinoso.
Pero es Villafranca del Bierzo, en la confluencia de los ríos Burbia y Valcarce, el punto de esta etapa donde late más intensamente el ambiente de la peregrinación jacobea.
El conjunto urbano resulta armónico y hermoso, con calles cuidadas y casonas palaciegas. La pequeña ciudad, capital de la provincia del Bierzo, en la división administrativa de 1.822, posee una riqueza artística notable.
Además, Villafranca es puerta de acceso a los Ancares, tierra de naturaleza virgen, donde perduran las pallozas, viviendas circulares de piedra, techadas de paja, de indudable origen céltico, aferradas a un paisaje de montañas, prados y bosques misteriosos, en los que cantan los urogallos y subsisten osos solitarios.
Muy cerca de Villafranca está Corullón con sendas iglesias románicas y un castillo.
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