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Tordesillas-Astorga

Saliendo de Tordesillas hacia el noroeste, siguiendo la Nacional VI, se sigue por zona cerealista hasta llegar al magnifico valle del Esla, para seguir luego hasta Astorga.
Lo que queda del magnífico alcázar de Benavente es este gran torreón, actualmente parador de turismo. Fotografía de guiarte.com. Copyright

Saliendo de Tordesillas hacia el noroeste, siguiendo la nacional VI, se pasa pronto al lado de Villalar de los Comuneros, donde se consumó la derrota comunera ante el ejercito realista.

La carretera sigue por Vega de Valdetronco, con la inconfundible imagen de su ermita semiderruida al lado de la carretera, para llegar rápidamente a Mota del Marqués.

La imagen de Mota permite imaginar su pasado esplendor, que tuvo su cenit en torno al siglo XVI. La silueta del lugar es inconfundible, con su cerro coronado por el castillo, del que pervive, semiderruida, la poderosa torre del homenaje.

Entre los personajes que alguna vez deambularon por el lugar figura Don Juan de Austria, que de pequeño estuvo al cuidado de Doña Magdalena Ulloa, Toledo, Osorio y Quiñones, hermana del primer Marques de la Mota. A esta familia pertenecía el palacio de los Ulloa, del siglo XVI, construcción dirigida por Gil de Hontañón.

También es de Rodrigo Gil de Hontañón la iglesia de San Martín, magnífica construcción que preside el tejido urbano del lugar, con su excelente portada plateresca y su sólida torre, de época posterior.

La carretera prosigue en campos de austeridad que, aparentemente no revelan arte ni historia. Pero ésta se halla cerca. Tiedra es una ciudad romana, donde aún pervive el castillo del siglo XIII; San Cebrián de Mazote tiene una iglesia de origen mozárabe; muy cerca está el viejo monasterio de la Santa Espina, y algo más adelante, a un tiro de piedra de la carretera está la interesante Urueña. Todo esto en apenas un trecho de diez kilómetros.

La carretera pasa al lado de Villardefrades y sigue, solitaria, hasta Villalpando. Con precedentes celtíberos y romanos, ciudad amurallada en el medievo, venida a menos, y que aún conserva restos de los muros y puertas del siglo XII y de su grandioso templo románico de Santa maría, venido abajo en 1933, del que quedan los ábsides.

Pese a la sequedad del paisaje, cerca hay una sorpresa. Al oeste de Villapando se halla el humedal de Villafáfila. Es un magnífico espacio natural donde se juntan millares de aves en la invernada. Se trata de una lagunas salobres en medio de un paisaje estepario, Tierra de Campos. Este espacio está protegido como reserva Nacional de Caza y la UE lo considera como Zona de Especial Protección para las Aves. Tiene la mayor población mundial de avutardas, así como una buena cantidad adicional de patos.

Cerecinos de Campos y San Esteban del Molar son sendos lugares de arquitectura de barro, en los que aún se pueden ver restos de los bellos palomares que antaño proliferaron por la zona. La carretera sigue recta para cruzar el Esla, el antiguo río Astura, al lado del viejo Castrogonzalo, donde aún perviven algunos buenos ejemplares palaciegos. Al fondo aparece Benavente,

La ciudad de los antiguos Condes de Benavente se ubica en el encuentro de los fértiles corredores fluviales del Órbigo, Tera y Esla.

Apenas conserva parte de su trama medieval, con escasos ejemplos de arquitectura popular a lo largo de la Rúa, la vieja calle Mayor, y otros puntos de la población, pero su recinto urbano se ha expandido en todas las direcciones.

el bellísimo conjunto monumental de Astorga. fotografía de guiarte.com

La historia de la ciudad arranca de la época romana. En sus cercanías estaba la antigua Brigeco. Lo más destacado de la ciudad es la torre del gran castillo medieval. Pero en medio de la urbe quedan otras dos iglesias con interés, Santa María y San Juan, y un viejo hospital de noble portada.

Actualmente pasa por un período de desarrollo, beneficiada por su excelente ubicación viaria.

Aquí, la Nacional VI va paralela a la vieja Vía de la Plata, ruta bimilenaria que une Astorga y Mérida.

La Vía de la plata corría al oeste del Órbigo, por pueblos interesantes como Alija del Infantado y Quintana del Marco. En Alija pervive un ruinoso castillo, de los siglos XIII y XV, incendiado por los ingleses en 1808, en su retirada al noroeste. Felizmente, está siendo restaurado. También tiene dos buena iglesias.

Quintana del Marco tiene un notable pasado romano, que aún se muestra en importantes museos de León y Madrid. Como elemento romano visible existe un busto de Marco Aurelio, ubicado en la flecha de la iglesia parroquial, y conocido por el vecindario como San Pedro. De época medieval es el palacio-castillo, vinculado a los Quiñones, en el que destaca la alta torre de homenaje, coronada por garitas y nidos de cigüeña. Muy cerca está Villanueva de Jamuz con otro buen castillo de los Quiñones.

Pero la ruta Nacional no va por estos pueblos. En la guerra de la Independencia se destruyó el puente de La Vizana, y quedaron aislados del tráfico hasta el siglo XX, en tanto que la carretera siguió, paralela, al este del río Órbigo hasta el paso de Cebrones.

Luego se pasa al pie de San Martín de Torres, que ya no muestra el poderío que tuvo en tiempos romanos( es la Bedunia romana) para llegar a La Bañeza.

La Bañeza, ubicada cerca del viejo Ornia, actual Duerna, y del Tuerto, es centro económico de unas ricas vegas leonesas, y por eso mantiene una progresión ascendente. En la actualidad alcanza los 10.000 habitantes. La ciudad contó ya en el siglo X con un monasterio, donado al obispo San Genadio, el monasterio de San Salvador. La iglesia del Salvador es lo que queda de aquella fundación. Tiene restos románicos y renacentistas

Sólo en el siglo XVI empezó La Bañeza a tener cierta importancia. De 1532 es el inicio de la iglesia de Santa María, con planta de cruz latina y tres naves. En el interior se halla un excelente retablo barroco y una Piedad, de Gregorio Fernández.

Pasado La Bañeza, al este, está Santa Colomba, con una iglesia del siglo XIV, de una nave y capilla, con arco triunfal apuntado, declarada Monumento Nacional en 1943, cubierta con un artesonado mudéjar. Al otro lado de la carretera está Palacios de la Valduerana. Los Bazán, familia oriunda de Navarra, fueron señores de la comarca leonesa de La Valduerna. Palacios fue una notable villa hasta los siglos XVI, luego decayó ante la pujanza comercial de La Bañeza. El excelente castillo de los Bazán, con torreón de planta elíptica, está bastante destruido.

Muy cerca de allí está el Santuario de Castrotierra. En Castrotierra se encontrará ante el castro de la Edad de Piedra, que corona una ermita solitaria, rodeada de una noble pared de piedra. Es uno de los puntos mágicos de León, entroncado con las civilizaciones precristianas y cultos a dioses y elementos vinculados a la naturaleza. Es el castro de la diosa Tierra, la divinidad de los sembrado y la lluvia. La ermita del castro se ve al oeste de la ruta, al pasar por Toral o Toralino, pueblos de robustas iglesia con campanarios de tipo menhir.

Pasado Riego, a la izquierda, sobre el arroyo Valimbre pervive un bello puente romano. Luego viene Celada, y finalmente Astorga, la Vieja Asturica Augusta, fin de la Vía de la Plata.

Astorga ha sido una ciudad con notable protagonismo histórico desde hace 2000 años, consecuentemente en numerosas zonas de la urbe se pueden hallar restos del pasado.

Cabe destacar el conjunto integrado por las murallas de origen romano, la catedral gótica y el palacio episcopal, obra del genial arquitecto catalán Antonio Gaudí. Los diversos museos de la ciudad (Romano, Catedralicio y de los Caminos) presentan muestras de arte de todas las épocas.

Astorga también posee un monumento culinario célebre, o mejor dos: el cocido maragato y las mantecadas. El cocido se elabora a base de productos de la tierra, y su novedad mayor radica en el orden de la ingesta: primero la carne, luego la garbanzada, posteriormente la verdura y, si fuera necesario, por fin la sopa.

Se cuenta que este orden surgió en los días de la Guerra de la Independencia, cuando los soldados, apresurados por la inminencia del enfrentamiento, optaron por comer primero lo más alimenticio. La moda bélica aquella arraigó. Hay muy buena gastronomía y buenos hoteles. Merece la pena un descanso en la ciudad.

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