Villafranca del Bierzo-Lugo

La Nacional VI sigue paralela y cerca del Camino de Santiago hasta el entorno de Piedrafita. El paso hacia Galicia está cargado de magia y belleza, luego sigue más al norte, en dirección a Lugo.
Villafranca tiene notable monumentalidad. Imagen de guiarte.com

Es zona preñada de historia, misterio y leyenda. El paisaje es aquí algo más dulce, pero también verdeante, montuoso y húmedo.

A la vera del torrentoso Valcarce, el viajero cruza poblaciones como Pereje, Trabadelo, Ambasmestas o Vega de Valcarce. Son lugares de tradición hospitalaria, pequeños pueblos, en los que se puede apreciar la hermosura de las construcciones rurales bercianas, de piedra azulada y techumbres pizarrosas, sumidas en un entorno verdeante, donde reinan los mirlos y lavanderas. En las montañas perduran restos de viejos castillos.

En el tramo final de acceso a Galicia, la carretera va por el este del valle, hasta Piedrafita, manteniendo a la vista el viejo camino de peregrinación. Éste, abandona la hondonada del Valcarce y avanza, por el oeste, hacia La Faba, pequeña localidad asentada sobre un otero, quizá otro viejo castro prerromano, a cuyas faldas se extienden las praderas y bosques de robles, arces, abedules, castaños y cerezos. Luego pasa por La Laguna, último pueblo leonés, y llega a El Cebrero, O Cebreiro, enclave cargado de arcaísmo y hermosura, desde el que la mirada puede avanzar hacia las profundidades de Galicia o en dirección a los imponentes valles bercianos.

El Cebrero es una aldea con aire prehistórico, construida en la cima que separa León de Galicia, allá donde los vientos soplan con furia; mundo de pallozas, nieves y lobos, donde los peregrinos, agotados por el duro viaje, recibían el auxilio de los benedictinos.

En el templo de El Cebrero se muestra el cáliz y una patena de origen románico donde, cuenta la tradición, la hostia y el vino se transformaron en carne y sangre, ante el pasmo del monje descreído que oficiaba la misa al lado de un solitario campesino, un día de tempestad.

Pero la carretera, al llegar a Piedrafita del Cebrero, ya no sigue el camino de Santiago; ni siquiera hace paso por El Cebrero; sino que prosigue en una dirección más norteña. En un paisaje hermoso lleno de verdor. Ésta es zona montañosa. Al norte de Piedrafita se halla la Sierra de Ancares, cuyas cimas dividen las provincias de León y Lugo.

Esta es buena tierra de quesos. El queso Cebreiro es blanco, granuloso, algo ácido y mantecoso, con una forma de gorro de cocinero. Se come fresco y curado. Se come a veces con dulce de membrillo.

Pasado Piedrafita se desciende hacia As Nogais, en las estribaciones de los Ancares. Lucenses. La Torre de Doncos, visible desde la misma carretera Madrid - A Coruña, es un indicio de que esta es zona de sabor histórico.

Poco más adelante está Becerreá, un magnífico lugar para partir hacia los Ancares de Lugo, siguiendo valles casi paradisíacos, cubiertos de bosques y praderías: Robles, castaños, tejos, fresnos, abedules, avellanos, sauces, alisos... esconden una magnífica avifauna entre la que pervive el urogallo. Lobos y ciervos son relativamente abundantes. Las aldeas campesinas tienen arcaísmo y belleza.

Becerrea está en medio de una magnífica geografía. Es el territorio de los zoelas prerromanos. Esconde en sus aldeas bellos parajes. En Penamaior, conserva una iglesia con toda su fábrica románica, restos de un antiguo monasterio del Cister. En Liber se halla el puente medieval de Pontes de Gatín, “construido por el diablo” según la leyenda.

Imagen de las murallas de Lugo, Patrimonio Mundial de la UNESCO. Fotografía de Turgalicia.
Baralla está un poco más allá, en un territorio bello, donde se conservan algunos puentes antiguos de bella factura. Luego se avanza hacia O Corgo, ya en la comarca lucense, en un territorio de penillanura.

Lugo está a 511 kilómetros de Madrid, y conserva un casco viejo de valor, enmarcado por unas murallas de 2,6 kilómetros de largo que son Patrimonio Mundial de la UNESCO.

En su origen, esta ciudad es de fundación romana, en el año 14 a.C. Su recinto murado también es romano, del siglo III. Se trata, sin duda, de la urbe más antigua de la comunidad gallega.

La ciudad tiene una excelente construcción de granito, y monumentos de diversas épocas. De época romana quedan, además de las murallas, unos baños termales y un puente, reconstruido en el medievo. También es romano el ninfeo de Santa Eulalia, muy cerca de la ciudad.

De época románica es la catedral, aunque con añadidos góticos y posteriores. En ella se muestra de forma permanente la custodia, presente también en el escudo de Galicia, y se venera la Virgen dos Ollos Grandes, popular entre los lucenses.

Es buena la plaza Mayor, con un bello ayuntamiento, construcción barroca. Otro excelente edificio barroco es el palacio Episcopal. Merece la pena ver el museo provincial, con buen material romano y prerromano.

Es bueno Lugo para el paseo, por encima de la vieja muralla romana. Y es bueno también para gozar de la gastronomía. Los pescados son excelentes; se hace excelente lacón con grelos y buen caldo gallego. Se trabajan bien la carne de ternera y la de cerdo.

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