Santiago de Compostela entró en la historia en el tramo final del primer milenio.

La figura del apostol está íntimamente ligado a la historia de la urbe. Imagen de la Carta del señorío de la Ciudad de Santiago. Año1568
Tomás Alvarez, en su libro El Camino de Santiago para Paganos y escépticos recuerda: “Comenzaba el siglo nueve. En Bagdag gobernaba Harum al-Rashid, legendario califa de Las Mil y Una Noches. Carlomagno se coronaba emperador de Occidente en Roma. Los vikingos estaban a punto de iniciar sus correrías devastadoras por los territorios costeros de toda Europa occidental e internarse en las cuencas fluviales de Rusia.
En el noroeste español gobernaba, desde Asturias, Alfonso II, hijo de una noble vasca y un feroz rey cántabro, reorganizador del incipiente reino e impulsor de la vida cultural y eclesiástica.

El tema religioso abarrota los escaparates de la ciudad. Foto guiarte
Beato de Liébana, un rudo y audaz polemista del norte, opuesto a la doctrina adopcionista de Elipando, metropolitano de Toledo, impulsó la idea de Santiago como patrono apostólico de Hispania, dando alas a una leyenda carente de rigor histórico.
El monje puso a Santiago como evangelizador de "Spania" en sus
Comentarios al Apocalipsis", recogiendo una idea poético-legendaria que redistribuía las misiones predicadoras de los doce apóstoles”.
En aquella coyuntura, hacia el 815
el monje Pelayo descubre unas luminarias en las cercanías de su iglesia, lo que le condujo a un cementerio con tumbas del período romano al visigótico. El obispo Teodomiro dijo que allí estaba enterrado el apóstol Santiago. La noticia tuvo éxito y ya Alfonso II construyó un edificio para acoger a los fieles, edificio que hubo que ampliar poco más tarde, por impulso de la devoción.
A partir de aquí, se produce un proceso de engrandecimiento, cuyo cenit se alcanzó con el obispo
Diego Gelmírez, que engrandeció la ciudad con nobles edificios, especialmente la catedral románica, e incluso atacó otras ciudades para robar reliquias. Famoso es el llamado
Pío Latrocinio, que consistió en un asalto a la ciudad de Braga, para arrebatar reliquias que engrandecieran a la colección compostelana.
Hasta el siglo XVIII continuó un importante proceso de engrandecimiento monumental, seguido de una atonía urbana y decadencia. La ciudad se salvó del hundimiento merced a su condición de urbe universitaria y arzobispal, hasta que en el tramo final del XX adquirió el rango de la
capitalidad autonómica de Galicia.
Por su monumentalidad e historia, Santiago de Compostela tiene el título de
Ciudad Patrimonio de la Humanidad, desde 1985.
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