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El arte de la mesa

La Fundación la Caixa y el Patrimonio Nacional han preparado una exposición regia: En torno a la mesa. Tres siglos de formas y objetos en los palacios y monasterios reales, que se presentará sucesivamente en Zaragoza, Málaga y Valencia
Colección de copas, de la exposición Mesas Reales. Fundación la Caixa. Copyright


guiarte.com

Zaragoza, 30 de marzo de 2001

La Fundación la Caixa y el Patrimonio Nacional han preparado una exposición regia: En torno a la mesa. Tres siglos de formas y objetos en los palacios y monasterios reales, que se presentará sucesivamente en Zaragoza, Málaga y Valencia

La exposición esta dirigida por José Gabriel Moya y se muestra en La Lonja de Zaragoza del 21 de marzo al 6 de mayo de 2001. Luego pasará por Málaga y Valencia, en un periplo previsto hasta enero del 2002

Actos tan sencillos y universales como el comer acaban, por razones diversas, realizándose de muy diversa forma. El ser humano ha llegado a transformar estos actos diarios, en algo vinculado al arte: el arte de la mesa

El arte de la mesa no es se refiere al comer, cocinar o beber, sino todo eso y además el ambiente y el ritual que lo acompañan, la disposición del servicio y la organización del trabajo que comporta.

La exposición En torno a la mesa. Tres siglos de formas y objetos de los palacios y monasterios reales, presenta más de 300 objetos y piezas de arte realizados durante los siglos XVII, XVIII y XIX procedentes de los palacios y monasterios reales españoles que han tenido un uso relacionado tanto con la cocina como con la mesa.

La muestra se estructura en siete ámbitos que, de forma cronológica, reflejan los cambios en los usos y costumbres de las mesas en los palacios y monasterios durante los siglos XVII, XVIII y XIX.

En un principio el monarca comía solo incluso en las comidas públicas y solamente en algunas ocasiones muy especiales algunos privilegiados podían sentarse a su lado. Eso cambió con el tiempo y a principios del siglo XIX el soberano ya compartía mesa con sus invitados. A finales del XVII comenzaron a estar definidos los espacios para comidas privadas en los palacios reales por parte de los diversos componentes: el rey, la reina, los príncipes, las infantas, las damas, etcétera tenían cada uno una habitación para comer. Para las grandes ceremonias solían utilizarse estancias más eventuales que a partir del siglo XIX quedaron claramente establecidas. En cambio, eso no ocurrió en las comunidades religiosas, que tenían un espacio definido para esa función: el refectorio. De todas formas, el ceremonial que requería cada ocasión era diferente. Tampoco eran iguales los elementos utilizados para presentar y consumir las viandas o la preparación de los alimentos, ni los objetos que se utilizaban en las cocinas, ya fueran reales o monacales.

La exposición está dividida en diferentes apartados:

Sala Benedicite
. Los refectorios conventuales. Más de 40 elementos hacen referencia a la comida comunitaria en el refectorio tanto en su preparación como en su presentación. En este espacio, el visitante se halla con piezas de cerámica, de cobre y de plata. También podrá ver qué objetos utilizaban los priores de El Escorial. Los cuadros del siglo XVII aluden a la comida de caridad o a la Cuaresma.

Austeridad, sencillez y frugalidad son tres palabras que podrían definir la manutención de las primeras comunidades monásticas. De todas formas, a lo largo de los siglos las dietas monacales también sufrieron cambios y evolucionaron en función de las costumbres y la coyuntura económica.

El yantar cotidiano. La cocina general y de servidumbre. Aparte de la mera subsistencia, el ser humano tiene múltiples motivos para compartir alimentos en torno a una mesa. Cada comida diferirá según el momento, las formas, las modas, las personas, etcétera que la compartan. A través de las obras realizadas por los artistas de cada época el visitante podrá reconstruir las costumbres del momento, la indumentaria, la dieta alimenticia o las formas y las artes decorativas. Cuadros del siglo XVIII alusivos a banquetes escenifican estos ágapes.

Las obras, ya sean sacras o profanas, costumbristas o de naturaleza, reflejan tanto cómo eran las cocinas de los siglos XVI, XVII o XVIII como los elementos que formaban parte de esas estancias (mesa, vajilla de loza basta, o peroles, entre otros), así como los distintos tipos de alimentos.

Banquete y ceremonia. El comedor cortesano como ámbito de representación es el tercer ámbito que se presenta. El tapiz de El banquete de Escipión y cuadros de Bassano y Cinque son algunas de las piezas que incluye este apartado. A través de estos documentos gráficos, los visitantes se acercarán a la decoración de los comedores de El Pardo y San Lorenzo.

El mobiliario de comedor lo constituían entre otras piezas los bufetes para el cubierto de la panetería, la cava, la frutería y la sausería, las alacenas, las arcas, los cofres, las cajas y las mesas plegables. Construidas en madera de pino, de nogal o maderas finas en función de su destinatario, estas mesas eran de planta rectangular, tenían una parte central fija y dos hojas que se abatían. Los motivos decorativos fueron cambiando en función de la persona a la que iban destinadas y las modas imperantes. Algunas de ellas, además de mostrar cómo comían los cortesanos antes de la institución del comedor, llegaron a ser piezas de una gran exquisitez. La vajilla china de Felipe V y los búcaros de Estremoz que las cortesanas utilizaban como golosinas son otros de los elementos que podrán verse en este espacio.

Los oficios de boca y mesa. La cocina al servicio de Su Majestad. El trabajo que realizaban las personas que se ocupaban de todo lo referente a la alimentación del rey se llamaba oficios de boca. Bajo las órdenes del mayordomo mayor se disponían todos los elementos para que la comida del monarca estuviera preparada. Según la labor concreta que realizaban, esos sirvientes tenían distintos nombres: el guardamangier era el encargado de abastecer de viandas, el panetier se ocupaba del suministro de manteles y el reparto de la sal, los palillos, la leche y el queso, y el sausier proveía de especias y de vinagre para las ensaladas, entre otros. La labor de todos ellos y de la cocina la complementaban quienes se ocupaban de iluminar cada departamento, colocar las sillas, las mesas y los bufetes, mantener limpios los locales y situar los adornos necesarios para las comidas públicas. Uno de los oficios más complejos fue el del sumiller de la cava, que era quien se encargaba de entregar lo preciso a otras dependencias.

Un tapiz, dos bodegones de Meléndez y un cuadro de Cinque ilustran este apartado de la muestra, en el que también se recogen moldes de cocina y libros recetarios de Ruperto de Nola y Mata.

El gusto ilustrado. El gran XVIII. El comedor y los adornos de mesa. En la comidas públicas se montaba un escenario sobre un estrado con dosel donde se instalaba una mesa en la que se ponía las mejores vajillas, mantelerías siempre blancas y también, como símbolo de distinción y grandeza, las especias llegadas de Oriente. Ese escenario se revestía de ricas tapicerías, de las cuales las más apreciadas eran los adamascados.

Desde el Renacimiento se tenía la costumbre de adornar el centro de mesa en los grandes banquetes de gala con composiciones decorativas elaboradas con frutas, estatuillas u elementos arquitectónicos realizados en plata, porcelana, vidrio, bronce u otros materiales, como el azúcar. En el siglo XVII los adornos de mesa o desserts se desarrollaban verticalmente, inspirados en fuentes o pabellones chinescos que semejaban jardines. En cambio, a finales del XVIII triunfaron los tableros de planta alargada, construidos en una gran superficie, generalmente de mármol con incrustaciones de piedra semipreciosas, sobre la que se alzaban numerosas estatuillas y elementos de bronce dorado o de porcelana. En el siglo XVIII fue Roma la que impuso la moda de las buenas maneras, e incluso influyó bien entrado el XIX.

Tapices, cuadros, la vajilla de coral malva con escamas de Meissen y una colección de oficios y minutas son algunas de las piezas que se encuentran en esta sección.

Cocina de boca y ramillete. El siglo XIX. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII la mesa se disponía de forma provisional en las estancias mencionadas para las comidas privadas y las públicas. Eso cambió en el XIX, cuando se definió el espacio del comedor como lo entendemos en la actualidad. De todas formas, el ritual seguía siendo el mismo. El panetier, el sausier y el copero eran los responsables del servicio de mesa del monarca, al que le presentaban diversos platos para que escogiera lo que más le apeteciera. Ésos son en líneas generales los detalles que se mantuvieron inalterables durante más de dos siglos en la Corte española.

Se supone que con la llegada de Felipe V y la influencia de la Corte francesa tanto la cocina como las maneras cambiaron.

Dos bodegones, una selección de piezas sueltas de desserts, bronces y adornos realizados por diversos broncistas franceses (entre ellos Thomire), la célebre vajilla de paisajes y una selección de piezas de la cristalería de Fernando VII, además de documentación de minutas, conforman este apartado de la muestra.

Mesa privada. Mesa de estado. Las mesas de Isabel II. Bajo el reinado de Isabel II se dedicó un espacio en el Palacio Real a las grandes celebraciones de banquetes y recepciones: el Salón de Columnas. Para la puesta en escena de ese ceremonial se requerían nuevos, elegantes y modernos elementos. En una nota del 10 de marzo de 1846, el alcaide expone la falta de piezas de porcelana y cristal y mantelerías, así como de juegos de jarrones y candelabros destinados a una mesa de 150 o 200 cubiertos. Por ello se encargaron a las mejores fábricas de porcelana, de cristalería o de mantelerías del momento. La vajilla de porcelana se encargó al establecimiento de Eduard Honoré, uno de las más importantes del París decimonónico.

La recreación de la mesa de Estado con la vajilla de Honoré es una de las piezas que podrá verse en este apartado de la muestra, junto con las cristalerías de Baccarrat o las mantelerías. Completan este sección las facturas de encargos y documentación de minutas, las tarjetas de asiento y las invitaciones.

La exposición En torno a la mesa. Tres siglos de formas y objetos en los palacios y monasterios reales es fruto del trabajo conjunto de la Fundación la Caixa y Patrimonio Nacional. Anteriormente ambas instituciones organizaron las muestras El arte de la platería en las colecciones reales, en 1997, y La fotografía en las Colecciones Reales, en 1999.

Otros datos

Itinerancia

Después de su exhibición en Zaragoza, esta muestra podrá visitarse en Málaga, del 22 de mayo al 15 julio de 2001, y Valencia, del 25 de noviembre de 2001 al 20 de enero de 2002.

En torno a la mesa. Tres siglos de formas y objetos en los palacios y monasterios reales. La lonja. Plaza del Pilar. Zaragoza, del 21 de marzo al 6 de mayo.

Información teléfono 976397239

 

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