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La ira del Vesubio

El Museo Arqueológico Nacional de Nápoles presenta una gran exposición: “Historia de una erupción, Pompeya, Herculano, Oplontis”, que revive el drama de la erupción del Vesubio, volcán que dejó sepultadas hace casi 2000 años a varias poblaciones del golfo de Nápoles.

El Vesubio entró en erupción, mostrando súbitamente el poder trágico de la naturaleza. La muerte sorprendió de repente a los habitantes de las ciudades de Pompeya y Herculano. Apresados bajo la lava, quedaron los testimonios de la vida diaria y del arte de aquellas cultas urbes desaparecidas.

Quedaron bajo el ardiente manto de la muerte las madres abrazadas a sus hijos, las hogazas que reposaban en la cavidad del horno, el utillaje del médico, las joyas, las bellas paredes repletas frescos hechos para el goce de una sociedad avanzada y de vida agradable.

Muchos de los tesoros de aquellas ciudades se han recogido en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, que alberga ahora unas magníficas piezas esenciales para el estudio de aquella sociedad que dejó de existir en agosto del año 79 d.C. Y en este museo se presenta ahora una gran exposición “Historia de una erupción, Pompeya, Herculano, Oplontis”, que nos hace revivir el drama de la lucha entre hombre y naturaleza.

El drama en una bella tierra.

La montaña del Vesubio, que ahora tiene unos 1200 metros, preside una zona propicia para el goce de la vida, en el entorno del Golfo de Nápoles, con unas tierras bajas favorables para los cultivos mediterráneos, con olivos, higueras y otros frutales; cerca de los Apeninos, excelentes en bosques, en cuyas laderas también habría abundancia de cipreses y castaños.

Conocemos aquella tragedia por sendas cartas de Plinio el Joven a Tácito, en las que relata los aconteceres de aquellos 24 y 25 de junio, en la costa sudoeste de la península itálica, catástrofe en la que falleció Plinio el Viejo, tío y padre adoptivo suyo, Procurador de la Hispania Citerior, culto, moralista estricto y ecléctico, que dejó numerosas obras, hoy perdidas todas menos su Historia Natural.

Según el relato, el 24 de agosto era caluroso. Cayo Plinio (Plinio el joven), de 18 años, se hallaba con su madre y su tío (Plinio el viejo) en una villa de la ciudad de Miseno, en la bahía de Nápoles, a unos 30 kilómetros del Vesubio.

Entonces, el monte entró en erupción. Plinio el viejo, a la sazón jefe de la flota imperial allí atracada, murió mientras intentaba salvar a quienes se hallaban en peligro en las inmediaciones del volcán. Se dio cuenta de la catástrofe y decidió cruzar la bahía con algunos barcos en misión de rescate. No pudo desembarcar en ningún lugar cercano a la montaña a causa del calor y la lluvia de cenizas y piedra pómez. Por ello, se dirigió a aun punto situado a 5 kilómetros al sur de Pompeya, donde se refugió en casa de un amigo. Desde allí podían ver el Vesubio, del que surgían en ”varios puntos extensas capas de fuego y llamas impetuosas, a cuyo resplandor contribuía la oscuridad de la noche".

Permaneció Plinio en la casa del amigo y al amanecer del día siguiente intentó infructuosamente volver al barco. Murió por efecto de los fuegos y un ataque de asma.

Fue un drama dantesco, Plinio el Joven, en Miseno, describió así la noche trágica del 24 al 25: “Solo se oían los gemidos de las mujeres, el llanto de los niños, el clamor de los hombres. Unos llamaban a sus padres, otros a sus hijos, otros a sus esposas. Muchos clamaban a los dioses, pero la mayoría estaban convencidos de que ya no había dioses y esa noche era la última del mundo."

Una ocasión para revivir un tiempo.

Descubrir cómo vivían y qué ocurrió con a los ciudadanos de Pompeya y Herculano cuando el Vesubio les enterró para siempre es el objetivo de la muestra del Museo Arqueológico de Nápoles, que estará abierta desde el 20 de marzo hasta el 31 de agosto.

Desde hace 200 años, no han cesado de sorprender las apariciones de aquella tragedia. Las últimas excavaciones en Herculano, Pompeya y Oplontis han descubierto más frescos, joyas, esculturas, objetos de la vida cotidiana y nuevos cuerpos humanos, que ponen de manifiesto la vida en Pompeya en el momento de la erupción. Muchos de estos materiales se presentan al público por primera vez.

Dicen los expertos que si la erupción del Vesubio terminó con urbes enteras, la lava y la ceniza que las cubrió las ha conservado excepcionalmente para las siguientes generaciones. Muchas de las gentes enterradas por la ceniza volcánica aparecen ahora al lado de sus pertenencias, en sus hogares o centros de trabajo, con lo que se facilita la reconstrucción de la vida de la época. La ira del volcán perpetuó un momento dramático.

La Exposición.

Para recrear ese crucial momento se han elegido una treintena de frescos, once moldes de grupos humanos, diez esculturas, 200 objetos, 500 preciosos collares, muebles, ornamentos y una excepcional caja fuerte de bronce y hierro.

Con esta selección, en su mayor parte procedente de excavaciones recientes, se construye el insólito destino de un pueblo atrapado en su desesperada huida por la fuerza destructiva del volcán Vesubio.

La excepcional reconstrucción, novedosa por su sugestiva puesta en escena, recrea por primera vez no sólo el arte y la civilización que han hecho famosa en el mundo a Pompeya, sino también la dramática historia de las víctimas.

Aquellos que han paseado por las ruinas pompeyanas o por las menos conocidas de la vecina Herculano podrán añadir al asombro que un día les asaltó una nueva sacudida de admiración si se acercan hasta agosto a la capital napolitana.

Como prolegómeno de esta bella exposición quedan las páginas que escribió Plinio el Joven, que el día de la furia del Vesubio se encontraba en Cabo Miseno, junto a su tío, Plinio El Viejo,

"Historia de una erupción" se abre con un vestigio sobrecogedor, un gran molde de 24 esqueletos de otras tantas personas a las que la catástrofe cogió de improviso en el interior de los edificios o en plena fuga, en busca de una salvación imposible.

Estos petrificados fugitivos, hombres y mujeres, algunas de ellas embarazadas, como la que tendida boca abajo se puede ver en uno de los moldes de la muestra, llevaban a menudo con ellos monedas y objetos que ayudan ahora a reconstruir su vida cotidiana.

De Pompeya ha quedado el recuerdo de su trágico destino y también las bellas decoraciones de sus casas, como los nueve frescos de las tres habitaciones de Villa Moregine, que recientes estudios identifican como una de las moradas del emperador Nerón.

Esos frescos, que ya se pudieron ver el pasado mes de febrero en el Auditorio de Roma, representan a Nerón como el dios Apolo y a Venus y los Dioscuros y constituyen sendos ejemplos de la elegancia que alcanzó la pintura conocida hoy como pompeyana.

Junto a estas perlas artísticas se exhiben en Nápoles las preciosas joyas que llevaba una rica prostituta, encontrada por los arqueólogos en un espacio contiguo en posición que evoca su desesperado intento de fuga.

Por primera vez el visitante puede contemplar el extraordinario ciclo pictórico de la Villa 6 de Terzigno, en la periferia de la antigua Pompeya, que evoca los famosos frescos de la célebre Villa de los Misterios.

El sugerente recorrido de la muestra lleva también hasta algunos tesoros que escondía la conocida Villa de los Papiros -por el millar de ejemplares allí almacenados-, como la cabeza de Amazzone y la estatua de Hera.

La exposición cobra todo su esplendor al lado de la rica colección de piezas y murales procedentes de las excavaciones pompeyana que alberga el Museo Arqueológico de Nápoles, de visita obligada para completar la tradicional excursión arqueológica.

Pompeya es única, porque el Vesubio la cubrió con un manto de fuego y cenizas -no exento de muerte-, que la conservó como era un 24 de agosto del 79 d.C., cuando simplemente se contaba, como una más, entre las numerosas ciudades que prosperaron en el Imperio gracias a la sabia y pacífica política de la dinastía Flavia.

Direcciones para aumentar información:

Museo arqueológico de Nápoles: http://www.marketplace.it/museo.nazionale/

http://www.cib.na.cnr.it/mann/museo1/mann.html

Pompeya, Casa di Giulio Polibio

Pompeya, Casa di Giulio Polibio

Pompeya, Casa del Bracciale d’Oro, fresco

Pompeya, Casa del Bracciale d’Oro, fresco

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