La muestra intenta presentar el trabajo de Nancy Spero como parte de un proyecto vital y unitario en el que las piezas individuales encajan en un todo a la manera de un libro; de hecho, en una entrevista reciente, la autora reconocía que la escritura es parte fundamental de su obra y que en realidad toda ella se puede leer como un libro.
El título de la exposición Nancy Spero. Disidanzas relaciona dos aspectos fundamentales de la obra de la artista: su carácter crítico con la situación político-artística que le ha tocado vivir a lo largo de su carrera y la importancia del movimiento del cuerpo como vehículo de articulación de su discurso.
Nancy Spero crea un lenguaje pictórico específicamente femenino, donde la mujer se comunica a través de la fragilidad del papel. Un soporte sobre el cual las figuras desenmascaran estereotipos y desplazan categorías y jerarquías. El movimiento, el ritmo y el color, llenan de energía el cuerpo femenino, que conquista de este modo el espacio masculino del arte.
LA ARTISTA
En 1959, Nancy Spero y su marido Leon Golub se trasladan a París donde residen de 1959 a 1964, huyendo de la preponderancia de la abstracción en el panorama artístico norteamericano. En esta ciudad Spero entra en contacto con círculos intelectuales más literarios que artísticos y profundiza en lecturas que más tarde serán fundamentales para su trabajo.
Durante esos primeros años la artista realiza una serie de trabajos agrupados bajo el título de Black Paintings (1959-1960). Se trata de obras figurativas, de expresionismo lírico, centradas en temas como la noche, la maternidad o los amantes en las que deambulan personajes sobre fondos oscuros creados laboriosamente mediante la acumulación de capas de pintura.
Spero y Golub vuelven a Nueva York en 1964 justo en el momento en que la oposición a la guerra de Vietnam y el movimiento de los derechos civiles toma protagonismo en su país. El compromiso político se convierte en motivo fundamental en su trabajo. En la serie War (1966- 1970), Spero da rienda suelta a su cólera y repulsión frente a la guerra, a través de manifiestos en los que introduce una explícita imaginería de género y múltiples metáforas sobre la obscenidad y la violencia del poder. Sus obras se inundan de lenguas y bombas fálicas, de helicópteros y hongos atómicos defecantes.
En 1969 Spero se distancia del debate político-militar del momento para crear un conjunto de obras basadas en textos del poeta francés Antonin Artaud, las Artaud Paintings (1969-1970). En ellas cita al poeta de manera compulsiva, para expresar y exorcizar la ira y la alienación que sentía como artista. Como dice la propia Spero: “Estaba realmente furiosa contra el mundo del arte.
La colaboración con acciones de protesta para exigir la paridad de la representación entre hombres y mujeres en los museos conducen a la artista a tratar cuestiones como la tortura y el dolor de las mujeres. Así surge su nueva obra épica Torture of Women (1976), en la que combina imágenes, citas y testimonios aterradores de las atrocidades cometidas por los regímenes dictatoriales suramericanos contra mujeres. La pieza, un rollo de catorce paneles horizontales de 38 metros de largo obliga al espectador a recorrer el espacio de manera poco ortodoxa, fórmula que desarrollará en las obras siguientes.
The First Language (1981) es su siguiente gran obra de tamaño rollo y un punto de inflexión en su carrera. Con ella abandona la palabra escrita a favor del cuerpo femenino como vehículo de lenguaje expresivo.
Hacia finales de los años ochenta Spero se inclina cada vez más por la estampación de figuras y fondos, y expande su léxico a la arquitectura. De esta manera elimina cualquier obstáculo existente entre la obra y el espacio en el que se muestra y obliga al espectador a participar de manera mucho más activa cambiando su mirada y su posición.
Los ochenta y noventa son años en los que realiza numerosas exposiciones y consigue el reconocimiento crítico. A partir de este momento su trabajo se vuelve más exuberante y afirmativo, y expresa, según sus propias palabras, una especie de “utopía, de posibilidad de cambio”. Aun así, no olvida temas y procedimientos que le han interesado desde el principio de su carrera, como el dolor, la destrucción o la violencia, convirtiéndose ambos en dos caras de la misma moneda para su universo artístico y personal.
A finales de los años noventa el color adquiere un mayor protagonismo en la obra de Spero y la monumental Azur (2002) es un buen ejemplo de ello. En esta obra, que toma el título de un poema de Mallarmé, la artista utiliza el color deliberadamente y busca maneras nuevas y sorprendentes de componer, salpicando con criaturas femeninas el espacio y creando una secuencia onírica en la que éstas se mueven sin restricciones temporales sobre un fondo definido por patrones geométricos.
Finalmente en Maypole: Take No Prisoners, (2007), una instalación producida para la Bienal de Venecia, Spero vuelve sobre un tema recurrente en su obra y desgraciadamente en la política de su país; la guerra. La pieza es un Árbol de Mayo provisto de 200 cabezas de aluminio tratadas y pintadas que, en palabras de la artista, ha canibalizado de sus pinturas de guerra de los sesenta.
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