
Pero ese imperio ampliado por el vigor de las legiones, tuvo como trabazón una inmensa organización administrativa, unas magníficas realizaciones urbanísticas y un sistema de comunicaciones excelente.
En tiempos de Augusto, se organizó la red viaria de Hispania a modo de anillo. El anillo de las vías de Hispania se basaba, en la que bordeaba el Mediterráneo hasta el Guadalquivir, en la que proseguía de hasta Mérida, la Vía de la Plata (Mérida-Astorga) y la de Astorga-Zaragoza-Tarragona; siendo los núcleos de, Hispalis, Emerita, Asturica y Cesaraugusta, las claves desde las que se articulaba el resto de la comunicación hacia el exterior y hacia el interior.
En el centro de la península estaba Toletum (Toledo), que desempeñaría en tiempos posteriores un notable papel, y que hacía de nudo distribuidor de las rutas de las mesetas.
La actual Nacional VI correspondería, en alguna medida, a la ruta que desde Titulcia(al sureste de Madrid) subía en dirección noroeste hacia Septimanca(Simancas), para enlazar con la vía de la Plata en Brigeco(Benavente) y continuar desde Asturica (Astorga) por la Vía Nova en dirección a Lucus (Lugo) y Brigantium, en el entorno de La Coruña.

Uno de los ejemplos clásicos de abandono fue la Ruta de La Plata, Mérida-Astorga, con lo que se condenó al atraso económico a toda la franja oeste de España
El siglo XIX fue clave en el avance del trazado, especialmente en las zonas más difíciles, como el puerto de Manzanal. En el tramo final del XX se fue transformando en autopista, aunque el abandono tradicional del noroeste de España también se manifestó en este punto. Se ha iniciado el siglo XXI sin acabar las obras.
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