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Urculo se fue ...sin el sombrero

Falleció de muerte repentina, en Madrid, y se dejó, en cualquier lado, sus sobreros y maletas, iconos pop de un viaje de misterio, en este tramo difícil de la historia de la cultura y las civilizaciones. Se fue Eduardo Urculo. Acababa de asistir en Pekín a una muestra monográfica sobre su obra, en los inicios de marzo de 2003, pero en el último día de este mes falleció, a los 65 años de edad, el pintor Urculo, uno de los notables exponentes de la pintura pop española. Dejó de existir de forma repentina, en la Residencia de Estudiantes, mientras almorzaba.

De orígenes humildes, su propia endeble salud le hizo abandonar su primera tarea, recadero de una empresa minera. Se dedicó al comic, el cartelismo y sobre todo la pintura, pasando por diversas fases estilísticas, desde el expresionismo negro, al pop, a un reciente neocubismo, aunque siempre declaró su gran apego a la pintura figurativa, “incluso –según él- en los años en que ser figurativo estaba mal visto”.

El académico y director del Museo de la Real Academia de San Fernando, Antonio Bonet Correa, pintor y gran amigo del fallecido destacó su "gran sentido de la figuración". Ensalzó sus pinturas sobre la mujer y sobre el hombre viajante, que desencadenó en él su ya característica simbología de sombreros y maletas. “Ha creado una iconografía de los sentidos", señaló.

Para Eduardo Urculo, el siglo que le tocó vivir ha sido de una inmensa intensidad artística. “Ha sido una lucha de Eros y Thanatos y ha estado lleno de referencias pictóricas, que se han sucedido a velocidades de vértigo. Pero a él, lo que más le interesó fue el ser humano: "De todos los paisajes que hay en el planeta, el más hermoso es el hombre. Lo antepongo a cualquier otro".

En la reciente muestra de Pekín presentó medio centenar de obras, correspondientes a un periodo de más de 40 años de su vida, y en las que se manifiesta como este autor, vinculado a una visión muy personal del pop crítico, se caracteriza por la búsqueda de lo esencial. En ella el artista consigue eliminar cualquier elemento accesorio e incorpora influencias que van desde el cómic hasta la estampa japonesa.

La exposición de Urculo se enmarca en un programa de acción cultural del Ministerio de Exteriores titulado "Arte español para el exterior", y coincidió con el 30 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre España y China. En la presentación se destacó que Eduardo Urculo es un pintor sin rostros, en su continua huida de la representación de la faz humana encuentra un medio para aumentar el protagonismo de los cuerpos y de la propia mirada, no por oculta en sus figuras menos presente en la forma de disponer éstas para la contemplación de otros volúmenes –objetos cotidianos, paisajes urbanos o escenas de interior-, en una graduación de la visión que evoca inquietantes soledades, sugerentes afanes de percepción y, quizá, no poco desconcierto ante una realidad exaltada en cada prenda tratada como un nuevo bodegón actual, en cada partícula de materia erigida en sombra de misterios sugeridos que nunca acaban de rebelarse.

Cuando se contemplan, con el debido detenimiento, los cuadros de Urculo, una de las sensaciones que, con mayor rapidez, asaltan al espectador es la de hallarse ante historias y escenarios dominados por una “pérdida de la memoria del rostro”; “pérdida” que, fundamentalmente, cabe explicar por un “proceso de depuración del deseo”, en virtud del cual éste deja de ser apetencia de algo o alguien concreto para transformarse en apetencia en sí misma, es decir, en deseo puro y, como tal, ensimismado. Por medio de esta “abstracción del deseo”, Urculo efectúa una interpretación del cuerpo femenino muy semejante a la realizada por algunos surrealistas. El cuerpo de la mujer, en consecuencia, es el lugar en el que acontece el puro deseo, en el que el placer, enroscándose sobre sí, evita cualquier acto de reconocimiento o individualización, convirtiéndose por esto mismo, en un instante de amnesia, de olvido radical del rostro.

DATOS BIOGRÁFICOS.

El pintor, nació en Santurce, Vizcaya, España, en 1938. A los 14 años comenzó a trabajar como recadero en una empresa minera, pero una enfermedad, la tuberculosis, condujo su destino a la pintura, su afición y vocación de siempre. En 1957 dibujaba "comics" en el suplemento dominical del diario "La Nueva España", de Oviedo, y en 1958 hizo una exposición en el hogar del productor de La Felguera.

Como consecuencia del éxito obtenido en esta muestra, obtuvo una beca del Ayuntamiento de Langreo para estudiar Bellas Artes. Viajó a Madrid y un año más tarde se trasladó a Francia para ampliar conocimientos sobre nuevas técnicas del arte. En 1965 ya había conseguido exponer en 17 ocasiones dentro del país y tres en Francia. En mayo de 1977 exhibió una colección de obras dedicadas a la mujer y en noviembre de 1979, exponía en la Galería Sen de Madrid la serie de bodegones "Los frutos de Sa Pleta".

Comenzó pintando expresionismo negro, muy hispano, hasta que en 1965 se fue a Ibiza y cambió su estilo. En la década de los setenta pasa de ser un pintor anónimo a artista cotizado. En estos años su pintura tuvo como tema central la mujer, la preocupación por lo sagrado, la diosa madre, las vacas y el contenido erótico.

Tras regresar de una Bienal de Venecia, montó una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, algunas de cuyas obras fueron prohibidas por su línea pornográfica en desacuerdo con la Administración Central, en el tramo final de la dictadura franquista.

En años sicesivos Eduardo Urculo representó en sus cuadros "la recuperación de lo masculino", donde él figura como protagonista aunque siempre aparece de espalda y nunca de cara. En diciembre de 1987 realizó en Madrid una exposición cuyo tema central era Nueva York, la otra gran ciudad que le ha impactado e influido en su carrera profesional.

En años sucesivos, su obra se fue conociendo por todo el mundo. También dirigió su labor creativa hacia la escultura, el mundo del cartel y de la escenografía.

En los últimos años hizo una honda relectura del cubismo. Así, en el 2002, presentó en Madrid una muestra en la que se reencuentra en sus cuadros con la iconografía de los pintores cubistas de comienzos del siglo XX. Era un conjunto de cuarenta piezas pictóricas y dos esculturas, correspondientes a los dos últimos años de trabajo, en las que las temáticas se vinculaban a tres ejes: el cubismo, Japón y Nueva York.

"Acabé el siglo XX reflexionando pictóricamente sobre cómo había comenzado: la gran revolución que supuso el movimiento cubista que marcó las nuevas arquitecturas, las ciudades y la mirada del hombre del siglo XX", afirmó el artista.

Para él, el cubismo fue el movimiento más revolucionario del siglo XX que más cambió la vida y la conciencia del hombre. "No se trata de una reivindicación, ya que el cubismo es historia. A mí me ha aportado una nueva manera de ver la pintura, revitalizándome tanto por dentro como por fuera".

Otro de los temas importantes de la exposición citada giró en torno al arte oriental "mal conocido por nosotros, y al que se llega cuando intentamos evitar lo innecesario". “La fascinación oriental es común a la historia del arte del siglo XX y en mi caso también".

Por Tomás Alvarez

Urculo, con sombrero y maleta. composición de guiarte.com

Urculo, con sombrero y maleta. composición de guiarte.com

Cartel de su última muestra en Pekín. Seacex

Cartel de su última muestra en Pekín. Seacex

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