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El CGAC inaugura una exposición dedicada a Jorge Castillo

Desde el 4 de junio al 2 de septiembre, el Centro Galego de Arte Contemporánea, CGAC, presenta una muestra dedicada a Jorge Castillo (Pontevedra, 1933), con más de 50 pinturas fechadas entre 1959 y 2001

Esta amplia selección de piezas pretende ofrecernos un repaso por la obra pictórica de uno de los artistas de origen gallego más internacionales de nuestra época. La muestra está comisariada por Kosme de Barañano

En las diversas etapas de la trayectoria de Castillo, podemos atisbar un continuo diálogo entre figuración y abstracción. Los motivos definidos y los fondos desdibujados van, intermitentemente, alternando su protagonismo en esa dicotomía presente ya desde sus comienzos. La devoción hacia el dibujo, el estudio del espacio, el color, la línea y el onirismo que desprenden sus piezas en contenido y composición, son algunos de los presupuestos que inquietan a Castillo desde finales de los cincuenta, cuando inicia su carrera artística.

Alabado por la crítica, por el dominio técnico y el mantenerse fuera de corrientes y tendencias artísticas definidas, Castillo ha investigado en el campo de la escultura, pintura, collage, grabado, literatura o cine. Una selección de su obra pictórica se reúne en esta muestra, permitiéndonos contemplar las fuentes e inquietudes que mueven a Jorge Castillo a lo largo de su vida.

En paralelo a esa convivencia abstracción-figuración, descubrimos en Castillo una afición por los objetos, la figura humana y el paisaje, siempre interpretados subjetivamente, rompiendo todo impacto narrativo inmediato. En sus retratos o bodegones, los motivos (recortes de cotidianeidad), reflejan anécdotas o situaciones vividas por el artista, que al espectador se le muestran alejados de cualquier asociación espacio-temporal; bajo una apariencia surreal. Personajes como Marienza Castillo o sus hijos Ruth y Taggio, son recurrentes en su obra; las naturalezas muertas son plasmadas de interminables formas a partir de estudios profundos; el paisaje adquiere una dimensión irreal. Son estos motivos, reconocibles, los que paradójicamente nos transmiten una incertidumbre temporal acentuada por la falta de perspectiva y el juego de planos, recortados unos sobre otros, que se combinan con la permanente presencia gráfica, las alusiones geométricas y un firme estudio del color y la luz.

La influencia de la pintura renacentista, el ornamento barroco, la concepción romántica del individuo absorbido por la naturaleza, la impronta matissiana, la filosofía surrealista, el cubismo picassiano, abstracción o expresionismo se puede rastrear en la obra de Jorge Castillo. Una brillante carrera artística

Su carrera ha sido objeto de incontables revisiones y homenajes en Estados Unidos, Europa y España.

En el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC), 53 cuadros fechados entre 1959 y 2001 conforman la última retrospectiva dedicada al artista hasta la fecha, con obras procedentes de importantes colecciones de Europa y América (Fundación Juan March, Madrid; Fundación Jorge Castillo, Madrid; Nationalgalerie, Berlín; Kunsthalle, Bremen; Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York; Caja Madrid; Caixa Galicia; Caixanova o CGAC).

Sus piezas están presenten en museos y colecciones públicas de Alemania, Austria, Estados Unidos, Gran Bretaña, Suiza y España. El artista Jorge Castillo (Pontevedra, 1933) parte con su familia, exiliada por la militancia republicana de su padre, rumbo a Argentina en 1934. De formación artística autodidacta, su interés por el dibujo surge en su infancia, cuando comienza a conocer a los grandes maestros del arte universal e inquietarse por las técnicas artísticas. En 1951 conoce a Laxeiro en Argentina y, poco después, sin descuidar su formación autodidacta en el campo de la literatura o el cine, decide dedicarse a la pintura, carrera que desarrollará intensamente en Europa, desde su regreso en 1955. Durante el siguiente año ya podemos ver su trabajo expuesto en Madrid, en las salas del Colegio Guadalupe.

Siempre acompañado por intensas experiencias vitales, Jorge Castillo refleja todas las vivencias en su obra pictórica y en los escritos que comienza a publicar, ya integrado en los círculos intelectuales del Madrid de finales de los cincuenta. En estos años, el apoyo recibido por la galerista Juana Mordó y sus incursiones en los eventos expositivos de la capital, le permiten trabajar de forma más continuada y definir ya una línea propia que atrae la atención de críticos y galeristas de París, Nueva York, San Francisco, Tokio o Lisboa.

Ya a principios de los sesenta, habiendo alcanzado cierto reconocimiento en el ámbito internacional, se instala en Barcelona y comienza a reflexionar sobre el espacio y la figura, abordando ya el campo de la escultura e incrementando su producción, siempre teñida de una atmósfera inquietante por el continuo estudio de técnicas y maestros. Su figura alcanza una proyección internacional que le lleva a estar presente en exposiciones como la Bienal de Venecia (1964 y 1976) y la Documenta de Kassel (1968).

La vida de Jorge Castillo discurre, en los primeros sesenta, en París, Barcelona y Boissano (Italia). Ya en este momento, en el que mantiene un frenético ritmo de producción, la obra de Castillo se define por una temática centrada en la figura humana, las naturalezas muertas y los objetos cotidianos, sin descuidar una investigación más formal centrada en el espacio, el color y la línea. Son estos presupuestos los que centrarán la preocupación del artista, cuya obra, aunque apartada de estilos o corrientes concretas, refleja una orientación surrealista y una devoción figurativa. Durante su etapa alemana (reside en Berlín entre 1970 y 1975) su trabajo es objeto de incontables revisiones y alabanzas. Regresa a Barcelona en 1975, después de que su obra más implicada políticamente fuese retirada de una exposición en Almería este mismo año. En 1979, cuando comienza a profesar una mayor inclinación hacia la temática del paisaje, se instala en Nueva York, donde residirá hasta su escala en Ibiza (1991-92) y su definitiva vuelta a Madrid -donde en 1991 se crea la Fundación Jorge Castillo-, en 1993.

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