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Ramón Gaya, en el Reina Sofía

Ramón Gaya, premio Velázquez de las Artes Pásticas, es la figura que merece una excelente exposición en el Centro de Arte Reina Sofía. La muestra antológica estará abierta hasta el 25 de agosto de 2003 Pintor, ensayista, poeta, idealista, Ramón Gaya tuvo desde sus orígenes una vida agitada. El exilio le condujo a México, París, Venecia y Roma, hasta su regreso a España en la década de los setenta. Ya nonagenario, recoge los laureles del triunfo. En el año 2002 recibió el primer premio Velázquez de Artes Plásticas y el Centro de Arte Reina Sofía le dedica ahora, en Madrid, una gran exposición.

Es sin duda una de las buenas exposiciones del año, pues –tal como se recalcó en la presentación- la solidez y personalidad de su carrera artística se ha fortalecido con el paso del tiempo hasta constituirse en uno de los “faros de la cultura artística europea del siglo XX”, según le definió el comisario de la muestra, Enrique Andrés Ruiz.

Una vida densa.

Ramón Gaya nació en Murcia, España, en 1910 donde había un pequeño pero activo núcleo cultural. En 1928 viajó a París. Allí contactó con Picasso y otros grandes de la pintura moderna. Pero ese viaje marcó un giro en la trayectoria del pintor, pues descubrió “amnesias y artificios” de las vanguardias. A su regreso de París, y en un encuentro con Jorge Guillén, éste le preguntó por su viaje y el artista respondió "A mí lo que me gustan son Las Meninas". Para Gaya el gran foco de inspiración estaba en el Museo del Prado, al que definía como memoria viva de España y corazón artístico de occidente.

Entusiasmado por la riqueza de la tradición pictórica europea, a partir de entonces buscó su propia línea pictórica, en la que se detecta una devoción por los clásicos Velázquez, Van Eyck o Tiziano, compatible con la admiración por Picasso, Cézanne o Van Gogh.

En los años treinta participó activamente en los programas educativos de la República de España, trabajando en el Museo Ambulante y las Misiones Pedagógicas. Luego, colaboró en el famoso pabellón de España de la Exposición de París(1937), donde se juntó obra suya y de otros grandes autores, como Picasso, Miró o Arp.

La Guerra Civil española lo llevó a México, donde residió hasta 1952, compartiendo amistad con Octavio Paz, Xavier Villaurrutia, Salvador Moreno o Tomás Segovia. Frente a la estética surrealista, mantuvo allí una actitud ligada a las tradiciones pictóricas clásicas, polemizando abiertamente en su defensa.

Vuelto a Europa, residió en Francia e Italia antes de reencontrarse definitivamente con España, en 1978. De la década de los ochenta en adelante, la figura de Gaya se va agigantando entre los amantes del arte; empiezan a dedicársele muestras en los principales centros culturales y recibe grandes distinciones, que culminan en el año 2002 con el Premio Velásquez de las artes plásticas, en su primera edición.

Una trayectoria insólita.

Hay en Gaya diversos elementos que hacen de él un artista extraordinario. Es también excelente escritor, y analista de arte. En su inicio se entronca con el arte de las vanguardias, tal como se ve en sus pinturas cubistas del final de los años veinte. Pero a raíz de su viaje a París, elige un camino propio, de regreso a una tradición vivificante; que él considera viva.

Y bucea en los clásicos, pero acepta la modernidad, sin artificios hueros. Velázquez, Tiziano, Murillo, Van Eyck, Cézanne o Picasso están en su obra. Busca una línea propia sin plegarse a las requisitorias estéticas de las vanguardias, y mantiene esa línea a lo largo de ocho décadas.

La concesión del Premio Velázquez de Artes Plásticas, el más importante que otorga España en reconocimiento a la obra y trayectoria de un artista contemporáneo español o iberoamericano, implica entre otras cosas la organización de una gran muestra retrospectiva. Ésta es la que corresponde al primer galardón. La amplia retrospectiva incluye unas 170 obras, la mayoría pinturas, pero también algunos dibujos y apuntes. Ilustra todas las etapas de la trayectoria de este singular creador, que emprendió una de las aventuras pictóricas más singulares del siglo XX, rescatando para la modernidad el sentimiento de la pintura de sus maestros preferidos del pasado, a quienes celebra en numerosas pinturas, actualizándolos, a costa de sacrificar su propia originalidad.

La muestra antológica, que estará abierta hasta el 25 de agosto de 2003, incluye también testimonios de la labor de Gaya como ilustrador y viñetista, ya sea para dar muestra de su trabajo en revistas como Hora de España, ya para acreditar su colaboración en ediciones de obras tan relevantes como Canción, de Juan Ramón Jiménez, o La realidad y el deseo, de Luis Cernuda El comisario presenta el recorrido de la exposición con criterios cronológicos, aunque con algunos saltos temporales, comenzando por sus primeros años en Murcia, su obra poscubista y su pintura lírica, para dar paso a su primer exilio en Francia y las obras realizadas en el castillo de su amigo Cristóbal Hall.

Su etapa mexicana, el periodo italiano, su regreso a España y la obra realizada en los últimos años quedan bien reflejados en las pinturas exhibidas, entre las que se encuentran una veintena de obras que no se han expuesto hasta ahora, alguna del año 2001. El artista, a sus 92 años, continúa pintando. Las últimas obras muestran una fase ascética de su obra, según el comisario. Gaya es, en opinión de Enrique Andrés Ruiz, una personalidad singular y de gran complejidad, aunque aparentemente sencilla. A veces se ha interpretado que es un artista que va contra su tiempo, pero en la exposición se intenta matizar esto. “Alguien que ha sido amigo y compañero de Picasso, de Juan Ramón Jiménez, y que ha mostrado su admiración por Picasso, Klee, Cézanne o Van Gogh, no ha sido un contra vanguardista", dijo el comisario.

Juan Manuel Bonet, director del Centro Reina Sofía, recalcó que la relación de Gaya con Velázquez es muy estrecha, no sólo por ser el primer premio Velásquez, sino por la vinculación de su pintura y por el libro "Velázquez. Pájaro solitario" (1969), uno de los mejores textos sobre el artista sevillano.

Juan Manuel Bonet sostuvo que Ramón Gaya es también “un pájaro solitario", de pintura luminosa y de enorme personalidad.

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