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El César de Tiziano

El César de Tiziano

Madrid, 27 de junio de 2001. guiarte.com

El emperador Carlos V, a caballo, en Mühlberg, uno de los más notables cuadros de Tiziano, luce al fin restaurado, en una muestra especial que ha preparado en Madrid el Museo del Prado.
La historia había sido dura con este magnífico trabajo, realizado en honor del emperador, tras la batalla de Mühlberg. La restauración ha requerido un delicado trabajo.

Desde el 21 de junio al 2 de septiembre, los visitantes de la gran pinacoteca española pueden conocer con detalle el proceso de restauración de esta obra realizada en 1548.

Antes de llevar al taller este lienzo, el Museo del Prado celebró el Simposio Tiziano. Técnicas y restauraciones, con el fin de abordar su recuperación con las máximas garantías. Las opiniones de los distintos expertos internacionales que intervinieron en este encuentro científico fueron de gran utilidad para orientar la intervención sobre la obra, cuyo estado de conservación ha sido motivo de preocupación para el Museo del Prado desde hace mucho tiempo.

El lienzo inició su vida con mal pie, al caer contra un palo durante su proceso de secado, nada más ser concluido por Tiziano. Entonces, el pintor se vio obligado a convertirse en el primer restaurador de la obra.

La pintura sufrió otro duro revés en 1734, durante el incendio del Alcázar de Madrid. Entonces tuvo que ser evacuada con urgencia. Al parecer, muchas de las numerosísimas faltas de pintura original y desgarros que presenta la obra se ocasionaron en este momento, ya que el que el lienzo fue arrancado violentamente de su bastidor, lanzado por una ventana y presumiblemente plegado.

Además de estos dos episodios, consta documentado, que Carlos V en Mühlberg fue también víctima de la guerra civil española, cuando, en un intento de preservar el patrimonio, se produjo el traslado de los fondos del Museo del Prado a Ginebra. El desprendimiento de una de las almohadillas que protegían al lienzo durante este viaje provocó un nuevo daño.

Las consecuencias que cada uno de estos desgraciados accidentes tuvieron sobre el lienzo –roturas y pérdidas de color-, así como cada una de las intervenciones con las que se pretendió solventarlas –remiendos, añadidos de tela, injertos, reintegraciones de color, repintes,...-han sido perfectamente documentadas por el Gabinete Técnico del museo mediante las radiografías, estratigrafías, fotografías de infrarrojos, etc., que se le han practicado a la obra.

Por otra parte, este exhaustivo análisis, dirigido por la conservadora responsable del gabinete, Carmen Garrido, ha permitido conocer con detalle la técnica de ejecución empleada por Tiziano en la elaboración de cada una de las partes de este retrato, lo que resulta significativamente valioso a la hora de emprender una restauración de esta envergadura. Por este motivo, algunos de los documentos de este estudio se exhiben en el escenario de la muestra como parte fundamental del proceso de restauración que se explica.

La intervención de las restauradoras de la pinacoteca, María Teresa Dávila y Rocío Dávila, ha permitido que El emperador Carlos V, a caballo, en Mühlberg pueda ser contemplado de nuevo con el protagonismo de la luz crepuscular iluminando el paisaje que le otorgó Tiziano.

Todos los trabajos han sido coordinados y supervisados por Miguel Falomir Faus como Jefe del departamento de conservación de pintura italiana medieval y del Renacimiento del Museo del Prado.

Tanto el proceso de restauración de esta obra, como el Simposio Tiziano. Técnicas y restauraciones que se celebró durante el mes de junio de 1999, han sido generosamente financiados por FIAT. Fiat Ibérica ha patrocinado también la publicación de las actas de este simposio, así como la edición del catálogo de la exposición: La restauración de Carlos V, a caballo, en Mühlberg de Tiziano. Esta empresa es también patrocinadora de la restauración de otras dos obras de Tiziano: Felipe II y La Gloria

La obra El 24 de abril de 1547 Carlos V derrotó en Mühlberg, a orillas del río Elba, al ejército de la Liga de Smalkalda capturando a su principal dirigente, el elector Juan Federico de Sajonia. Dada su magnitud, la victoria generó numerosas obras de arte de distinta naturaleza destinadas a satisfacer también diversos intereses: grabados de Enea Vico, mayólicas urbinesas, medallas labradas por Giovanni Bernardi da Castelbolognese y Nickel Milicz, o pinturas al fresco como las que decoraron el palacio de los Cruzat en Óriz y el de los Alba en Alba de Tormes.

Carlos quiso ofrecer su propia visión de los hechos y reclamó la presencia de Tiziano en Augsburgo, donde el veneciano acudió a principios de 1548. El resultado fue una obra distinta a las antes citadas, por carecer de referencias explícitas a la batalla, y por prescindir de un lenguaje alegórico en su visualización pese a que Pietro Aretino había recomendado al pintor incluir a un enemigo vencido bajo las pezuñas del caballo y, sobrevolando al emperador, las figuras de la Religión y la Fama, la primera con la cruz y el cáliz en la mano mostrándole el cielo; la segunda con alas y trompa ofreciéndole el mundo.

El retrato de Tiziano ofrece una imagen más verosímil pero no por ello menos rica en significados. Muestra al emperador sobre un caballo español castaño oscuro ataviado con una armadura realizada en 1545 por Desiderius Colman. Su condición de soberano católico queda subrayada por la inclusión en la armadura de una imagen de la Virgen en el pecho y otra de Santa Bárbara en la parte posterior, y por el color rojo de la banda, las plumas del yelmo y los adornos del caballo. Esta imagen “real” encierra otros niveles de interpretación no excluyentes entre sí, al mostrar a un tiempo a Carlos como encarnación del caballero cristiano tal como lo caracterizara su antiguo preceptor Erasmo de Rotterdam, y como heredero de los césares romanos.

El cuadro de Tiziano, restaurado. Museo del Prado. guiarte. Copyright

El cuadro de Tiziano, restaurado. Museo del Prado. guiarte. Copyright

Los defectos y la restauración. Imagen del Museo del Prado. Copyright

Los defectos y la restauración. Imagen del Museo del Prado. Copyright

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